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“No me había puesto la vacuna porque tenía miedo”, reveló este miércoles Miriam Hernández, de 55 años. Es hipertensa y tiene problema de asma y temía que se les complicaran.

Decidió vacunarse en el Centro Olímpico ante la disposición del Gobierno de no dejar acceder al transporte público a las personas que no estén inoculadas contra la enfermedad del COVID-19.

Miriam no tenía miedo de que en su lugar de trabajo no la dejaran entrar sin la tarjeta de vacunación debido a que su jornada la realiza en la calle.

Aunque el Ministerio de Salud Pública estableció que para entrar a espacios cerrados y de uso colectivo es necesaria la tarjeta con las dos dosis, el ministro Daniel Rivera dijo este miércoles que pueden acceder quienes se vacunaron ahora en octubre.

“Tienen que dejar entrar a las personas que están con su primera dosis. Esta es una medida de celebración, no de castigo. Nosotros tenemos que buscar que la gente se sienta en confianza con la vacunación”, dijo Rivera.

Miriam, a quien se le aplicó la vacuna de Sinovac, dijo sentirse más confiada con la vacunación. Tiene pensado en completar el esquema con la segunda dosis, pero no está entusiasmada en aplicarse la de refuerzo.

Por otro lado está Tony Derilus, un extranjero haitiano de 46 años que se aplicó su primera vacuna en el Centro Olímpico. El personal de salud le colocó el preparado de Pfizer.

Derilus contó que también tenía inquietud de acudir a vacunarse porque desde hace años está afectado por un absceso. Además, dijo que le dificultaba ir por su trabajo, es vigilante en una empresa, y aseguró que no le habían dado la oportunidad para que él se vacune.

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